De Tui a Caldas de Reis: los rincones que no puedes perderte en cada etapa del Camino Portugués
Desde Tui hasta Caldas de Reis, el Camino Portugués te lleva por algunos de los rincones más bonitos de Galicia. Te contamos qué ver en cada etapa para que no te pierdas nada.
El Camino Portugués es uno de los grandes secretos del mundo jacobeo. Menos masificado que el Francés, más íntimo, más verde, con un patrimonio que sorprende en cada curva del camino. Desde que los pies cruzan el río Miño en Tui y pisan tierra gallega, algo cambia. El ritmo se afloja, los sentidos se abren y cada aldea de piedra parece tener algo que contarte. Mayo y junio son los meses perfectos: la luz es dorada, el verde gallego está en su máximo esplendor y los caminos huelen a flores silvestres.
Te contamos etapa a etapa qué no puedes perderte.
Historia · Frontera · Arranque
La puerta de Galicia: cruzar el Miño en Tui
Todo comienza con uno de los arranques más emocionantes del mundo jacobeo: cruzar el Puente Internacional sobre el río Miño desde Portugal y poner los pies en Galicia con la silueta imponente de la Catedral de Tui presidiendo el horizonte. Es un momento que pocos peregrinos olvidan y que ninguna fotografía termina de capturar del todo.
Tui merece más que un cruce rápido. Su catedral-fortaleza del siglo XII —una de las pocas catedrales medievales con aspecto de castillo de toda la Península— sus callejuelas empedradas y sus miradores sobre el Miño invitan a perderse sin prisa antes de iniciar la marcha. Después, el camino desciende hacia O Porriño entre eucaliptos, robles y aldeas de granito casi detenidas en el tiempo.
Paisaje · Viñedos · Viaducto
Bosques, viñedos y un viaducto que quita el aliento
Esta es la etapa más visual del tramo. El camino atraviesa frondosos bosques de ribera, viñedos que en mayo empiezan a mostrar todo su verdor —estamos en plena D.O. Rías Baixas— y aldeas de granito donde el tiempo parece haberse detenido hace siglos. En junio, los caminos huelen a flores y el verde gallego alcanza su máxima intensidad.
La llegada a Redondela es uno de los momentos más memorables de toda la ruta. El pueblo aparece de repente dominado por dos impresionantes viaductos ferroviarios del siglo XIX que se elevan sobre los tejados como gigantes de hierro. Aquí también confluyen los peregrinos que vienen por la variante de la Costa, y la plaza se convierte en un encuentro festivo lleno de mochilas, sonrisas y el sonido de bastones sobre el adoquín.
Patrimonio · Ciudad medieval · Gastronomía
La etapa más histórica: Pontevedra, ciudad de piedra
La etapa más larga del tramo es también la más rica en patrimonio. El camino baja hasta la ría de Vigo con vistas de postal a las Islas Cíes, atraviesa los bosques de Arcade y cruza el espectacular Puente de Sampaio sobre el río Verdugo —uno de los pasos históricos de la ruta jacobea desde la Edad Media— antes de entrar en Pontevedra.
La llegada es una recompensa monumental. Pontevedra es una de las ciudades medievales mejor conservadas de Galicia, con un casco histórico completamente peatonal que parece diseñado para que el peregrino lo disfrute sin prisas. La Basílica de Santa María la Mayor, la Capilla de la Virgen Peregrina —con su singular planta en forma de vieira— y las animadas plazas da Ferrería y do Teucro son visitas que no puedes saltarte.
«Pontevedra es una de esas ciudades que te cambia los planes. Entras pensando en pasar unas horas y acabas perdido entre sus plazas hasta que anochece.» — Hotel Pousada Real
Naturaleza · Aldeas · Villa Termal
El final de etapa más cálido: Caldas de Reis te espera
La última etapa antes de Santiago es la más íntima y natural de todo el tramo. El camino abandona la ciudad y se adentra en una sucesión de aldeas de piedra, cruceiros, hórreos y capillas que parecen sacadas de un libro de cuentos. Los bosques de ribera del río Umia acompañan al peregrino durante gran parte de la jornada en un silencio solo roto por el agua y los pájaros.
Y entonces aparece Caldas de Reis: una villa milenaria de aguas termales donde los romanos ya se detenían a descansar bajo el nombre de Aquis Celenis. El rumor del Umia entre robles, las fuentes termales que brotan en plena calle, el jardín botánico declarado Bien de Interés Cultural, los tres puentes romanos que figuran en el escudo de la villa y el ambiente tranquilo de sus plazas son el abrazo perfecto que todo peregrino necesita después de días de camino.
Hotel Pousada Real: la estancia perfecta para el peregrino
El Hotel Pousada Real se encuentra al final de la cuarta etapa del Camino Portugués. No hay que desviarse ni un metro de la ruta: el hotel está al pie del camino, en un edificio rehabilitado de 1900 en la Calle Real, el mismo trazado que ocupó la mansión romana de la Vía XIX hace dos mil años.
Después de kilómetros de camino, nada como llegar a un hotel que lo tiene todo pensado para el peregrino: habitación doble con desayuno, tapería «Pousada Selección» para reponer fuerzas y picnic preparado para reanudar la ruta al día siguiente. Y como valor añadido imprescindible en primavera: una piscina privada en el jardín donde descansar las piernas y recargar el cuerpo antes de la siguiente etapa hacia Santiago.
Historia romana, puentes medievales, ciudades de piedra, bosques de ribera y el calor termal de Caldas al final del día.
El Camino Portugués de Tui a Caldas no es solo una ruta: es una manera de descubrir Galicia desde dentro,
paso a paso, con tiempo para todo.
Este mayo o junio, pon la primera piedra de tu historia jacobea.
Te esperamos en Caldas de Reis.
Hotel Pousada Real · Caldas de Reis, Pontevedra · hotelpousadareal.com
